24.8.10

#terribletuesday

Odio los martes. Yo sé, debería odiar los lunes, pero no, yo odio los martes. Todo es por una razón muy sencilla: 7am a 9pm.

Sí. Madrugo el lunes a clase y el martes también, pero sigo hasta las nueve de la noche. Normalmente soy buena para tener un dia muy largo y sobrevivirlo, pero los martes este semestre son una porquería porque sólo tengo dos mini-huecos. Uno para almorzar de 12 a 2 y otro para descansar una hora en la tarde. Eso significa estar en la universidad todo el día, chuparse las clases de 3 horas, tener una monitoría, y después finalizar con un seminario electivo que no elegí a voluntad propia.

Para mi, todos mis martes son 13. #terribletuesday.
Afortunadamente, el miércoles tengo la tarde libre y no madrugo tanto como los dos días previos.

Tal vez lo único que me gusta es que al madrugar tanto, puedo hablar con @Andyundo todas las mañanas, y eso me anima e impulsa hacia la masacre del martes.

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Olvídenlo, lo que más odio de mis martes no es la carga académica insoportable de 12 horas. Lo que detesto con mi alma es lidiar, durante la monitoría, con los estudiantes de segundo semestre que hacen un noticiero. Son insoportables, ruidosos, descuidados, repetitivos y llenos de vida. Yo sólo quiero que se acabe el martes.

9.8.10

De clones en el bus

Ok. Aparententemente mi anécdotas cada día son más extrañas. Ser periodista significa estar siempre atento de todo lo que nos rodea. Personajes, historias, conversaciones (sí, díganme metida pero escucho las conversaciones de los demás sin darme cuenta o sin querer) e incluso expresiones faciales. Es cuestión de trabajo, para mi defensa.

Hoy, muy bonito y como todos mis lunes por el resto del semestre, madrugué a clase de siete de la mañana. Cuando me monté en la buseta, pagué y me senté en una de las pocas sillas que estaba desocupada. Aparentemente más de 20 personas tienen diligencias para hacer a esa hora.

Me tocó en el puesto del corredor. Odio sentarme ahí porque uno es más propenso a recibir golpes de morrales, mochilas o piernas y caderas.


Dos puestos más adelante y al corredor del lado opuesto de las filas del bus, estaba JUSTIN BIEBER. Sí 'eñores, el mismísimo tumbalocas de 16 años, amado por quinceañeras hormonales y odiado por nosotros, los de generaciones previas. Con uniforme de cualquier colegio, Justin Bieber me acompañó desde mi casa hasta que me bajé de la buseta.


Bueno, ok, no era Justin Bieber, pero les juro que tenía el mismo peinado y la misma cara de mocoso pendejo medio emo, medio mono y totalmente gay.


Pero mi sorpresa y entretenimiento no paró con Mr. Bieber. No 'eñores. Cuando me fijo en el pasajero de adelante, exactamente adelante, me encuentro con @_kant!!!!!!!! Juepucha!!!! De por Dios!!!! (eso es lo que me digo a mi misma cuando veo al pasajero). Ok, ok, no le vi la cara, pero la cabeza era igualita a la de @_kant. Que me perdone si no le gusta el comentario de haberlo encontrado en una buseta, pero fue chévere. La única diferencia era que este falso @_kant era médico. Si no estoy mal, el verdadero es ingeniero.


Hoy he tenido una mañana llega de coinciencias extrañas. Viajé con clones de una superestrella pop boba y un twittero muy querido. Un trayecto entretenido a la universidad, y lo mejor de todo...¡LLEGUÉ A TIEMPO!